Historia de un descubrimiento
"Lo que dentra en la cabeza
de la cabeza se va.
Lo que dentra al corazón
se queda y no se va más.

¿Tu quieres saber por qué?
¿Tu quieres saber por qué?
Escúchalo bien, escúchalo bien:
al corazón sólo dentra la pura verdad.
¡que al corazón sólo dentra la pura verdad!"

ATAHUALPA YUPANKI



Esta baguala del abuelo Ata, hermosa y pura como es, no deja de darme vueltas,
de
revolotear y saltar dentro y fuera, yendo y viniendo a mi cabeza, desde el
concierto en Córdoba de Francisco Villa, el 23 de octubre del 2007.

Pero fue años antes, en el 2002, en una reposición de discos, cuando apareció
Antonio Valero, productor del sello AYVA, con un nuevo disco, y un nuevo
artista, para mi, bajo el brazo, enigmáticamente llamado Francisco Villa,
chileno por más señas, y que llegaba reivindicando "su derecho a soñar".

No dudé en desprecintarlo y dar al play de mi aparato. Escuché atentamente las
canciones del cd, sentí­ el placer inmenso de un
nuevo descubrimiento, de la llegada de un nuevo hermano, algo que
lamentablemente no suele ocurrir ya tan a menudo. Me sobrecogió la sensibilidad
de sus letras y su música, la autenticidad de su sueño fecundo. Colgué entonces
aquel disco junto a los suyos, los nuestros: Patricio Manns, Inti - Illimani, Quilapayun, Carlos Puebla, Silvio, Pablito,
Joan Báez
, y muchos más artistas maravillosos y valientes, que tanto
ayudan a que no se apague la hoguera de la fe y la esperanza en un mundo más
hermoso y justo para el hombre.

Me adentré por internet, navegando como se dice, buscando al artista nuevo para
mí­, y como ya esperaba, fui confirman do mi pensamiento: encontré a un hombre
valiente, sensible, soñador y luchador, y fui feliz, celebré tener un nuevo
compañero, un nuevo amigo, un nuevo hermano. Porque más allá de las
indiscutibles cualidades artísticas de Pancho, del toque de su guitarra (cómo
gozamos con el instrumental dedicado a Palestina), de esa voz profunda, potente
y hermosa con que interpreta, más allá incluso de sus versos -bellísimos
poemas-, encontramos al hombre desnudo de verdades, que alienta y da coraje, y
da valor, y reparte pedacitos necesarios de esa estrella brillante del amor.

Y aquella noche, mágicamente, en la sala El Quiñón, empezó a flotar por el aire
un aroma a empanadas de la Viola, el cuchicheo de la Peña se escuchaba, Victor
Jara decía presente a cada instante, y así­ con los ojos cerrados Neruda nos
recitaba versos, Allende daba hermosos discursos, y Recabarren nos enseñaba otra
lección.

El Pancho los había convocado, y aparecían en los interludios, en las bellas
presentaciones de cada canción, como avance al gozo que vendría después envuelto
en la guitarra y la voz profunda del chileno. Por eso aquella noche de octubre,
en que el cielo anunciaba lluvia, se nos llenaron
los poros de limpios, puros, irrenunciables sentimientos.

Tras el concierto lo saludé, charlamos como quienes se conocen de toda la vida,
como dos viejos amigos que hace tiempo que no se ven, pero que se saben para
siempre hermanos...Esa es la historia, ahora escucho que viene a Barcelona,
lástima tanta distancia. A quienes puedan les digo, que no duden en asistir. Los
conmoverá con la Chichi, los hará más valientes con el Che, les enseñará con
Recabarren, les traerá Chile en el alma.

Francisco Villa, como alma en pena,
Francisco Villa, cuestionando nuestro tiempo.

Desde Córdoba, te mando un gran abrazo, Pancho.

Rafael Párraga
Quiosco Puerta de Baeza
Córdoba

cn000209 on lunes 28 enero 2008 - 11:27:44
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